sábado, 3 de julio de 2021
miércoles, 18 de noviembre de 2020
EL CREADOR DE VERDADES
Es la única persona
de España que no lo sabe.
No tiene ni la menor idea.
Un agudo periodista,
cazador de reportajes, logra dar con él. Busca esa noticia a posta, Debe haber
alguien que no lo sepa en este país, piensa, y recorre los lugares más
deshabitados de la península, hasta que por fin le encuentra.
El reportaje es un
éxito. El hombre que no sabe del COVID-19. “Cuando menciono COVID, el
señor cree que hablo de la mascota de Barcelona 92”, escribe el periodista. Y
se hace famoso, el señor. Su rostro de paleto bonachón que sabe cosas
insondables, cosas realmente importantes, se convierte en icono de la
actualidad: es el origen, es la pureza extraviada. Su figura despierta un
afecto desmedido. Sale en la portada de las revistas dominicales de mayor tirada, lo invitan a platós de televisión, le hacen un canal de youtube
con entrevistas profusas para oírle hablar de tractores, de política, de dietética vegana. Su familia retoma el contacto perdido, sus nietos van a visitarle y se
sacan selfies con él.
El éxito de la
ignorancia.
Pero con la fama van surgiendo
también algunos detalles confusos que enturbian la semblanza… vecinos de fincas
aledañas que refieren haberle visitado con mascarilla, un primo lejano suyo que
recuerda haber hablado con él en un entierro y haber sacado el tema del virus
como un lugar común… Algunos lapsus le delatan, incluso. De modo que parece
ser que sí que lo sabía, a tenor de las evidencias, pero que no quería saberlo.
Y no es lo mismo.
Su popularidad
decrece, en cualquier caso, con la inexorable superposición de novedades de la sociedad
del espectáculo. Llega la vacuna del COVID-19. Su historia pierde interés, se
diluye, desaparece de los focos.
La retoma un escritor
de novelas psicológico-realistas fascinado no ya por su ignorancia sino por su
terca simpleza: un señor que se niega a saber. El señor en cuestión es hábil argumentando
sus evitaciones, tiene carisma y habla de las bondades de la vida del campo, y es
capaz de controlar y dirigir su discurso (y hasta sus emociones) de manera
férrea pero a la vez tierna y entrañable. Jamás menciona la pandemia, como si
no existiese. No es un negacionista al uso, no entra jamás en el debate de si
el COVID-19 existe o no, si proviene de un murciélago o de una perversa
conspiración, por la sencilla razón de que lo niega todo o más exacto sería
decir que lo elude, hasta el propio debate. No quiere saber del tema y, a
fuerza de no querer, no sabe. Y ese mecanismo de defensa suyo, al
parecer, a poco que escarba el escritor, lleva instaurado en el señor desde
siempre (su familia refiere episodios similares pero ya incómodos, menos entrañables,
elipsis oscuras como nubarrones agresivos de vacío y oscuridad: historias de herencias,
hijos bastardos y retiradas solemnes de palabra…).
El hombre que no
quería saber. La novela es un éxito rotundo de crítica y lectores
(sobre todo de crítica), a pesar de la incomodidad de su trasfondo. El señor vuelve
al candelero, regresa a la fama pero a una fama distinta, menos popular y más profunda,
menos agradable también de llevar a cuestas: más controvertido, menos mainstream.
Lo conocen menos personas pero los pocos que lo conocen, a través del libro, lo
conocen mucho más. Y les cae mal, a sus nietos y familiares, se avergüenzan de él
(salvo un sobrino, pretencioso y cultivado en artes, que se ufana del
parentesco ante sus amigos culturetillas). Abandona la realidad y se convierte definitivamente
en un personaje de ficción.
Nadie le visita.
Pasa el tiempo, inexorablemente,
cae en el más profundo olvido. La pandemia ya es parte del pasado, resurge la
economía. Y el señor abandona sus gallinas, sus vacas, sus coliflores. Se niega
a vacunarse. Frecuenta lugares concurridos, bares, iglesias, manifestaciones,
aspira con todas sus fuerzas el aire compartido. Rastrea toses, se va de putas cada
día. Las besa con lengua, apasionadamente, nostálgicamente, como un enamorado: busca contagiarse.
Y lo consigue: contrae el COVID-19.
El señor se muere.
En su esquela del
periódico local, su sobrino (el pedante), o tal vez un reportero anónimo e
inspirado, escribe: “Un creador de verdades: trazó su
camino propio con estilo y se llevó sus enigmas al más allá. Descanse en paz”.
viernes, 2 de octubre de 2020
Literatura portátil, Vila Matas
LA NECESIDAD DE SOLEDAD, JUNTO CON LA AMARGURA POR LA PROPIA SOLEDAD, ERA UNA CARACTERÍSTICA MUY COMÚN ENTRE ESOS ALEGRES Y VOLUBLES TRABAJADORES QUE FUERON LOS SHANDYS...
martes, 18 de agosto de 2020
Searching for Frank
Vi esta máquina de chicles en un locutorio de mi barrio, hoy por la mañana, y no me saco su enigma de la cabeza: ¿qué clase de artimaña publicitaria es ésta?, ¿quién demonios es Frank, con esa cara de asesino en serie pedófilo de Milwaukee?, ¿se trata de una algún tipo de broma codificada?, ¿de quién, de David Lynch, en un ajado locutorio paki?, ¿hacia quién va dirigida?, ¿acaso tiene doble o triple sentido eso de "abrir la máquina de chicles"? Nadie responde al 628 215 173.
lunes, 30 de marzo de 2020
ENTROPÍA
domingo, 22 de marzo de 2020
viernes, 6 de diciembre de 2019
Giorgio Nardone (apagar el fuego añadiendo leña)
domingo, 24 de noviembre de 2019
ODA A LA MUELA
que el dolor es una parte consustancial del crecimiento,
pero también
para hacerle gozar de fastuosos banquetes
e innumerables golosinas,
tú que sabes que tu blancura incipiente augura
la ley inexorable del tiempo,
y que vendrán más como tú
y habrá que compartir espacio y caries
hasta que esa ley te de justicia
como a todo lo que nos circunda
y llegue tu reemplazo...
Oh muela primera de mi hijo,
entrañable tortura nocturna,
que llegas con el mensaje feliz de tanto futuro,
cuida de tu amo por destino y cumple tu areté: sírvele como hemos evocado,
y déjame a mí
tan solo
apresarte en la memoria (contra esa ley del tiempo),
para siempre.
jueves, 15 de agosto de 2019
JOSÉ CARLOS CATAÑO
domingo, 9 de junio de 2019
LA INTERPRETACIÓN MUTATIVA
Dos años estuvo yendo con un psicoanalista lacaniano.
Su técnica era simple: saludarle, preguntarle de qué querían hablar, y escucharle. Nada más. Escucharle sin interrumpir, sin emitir juicios ni comentarios de ningún tipo, ni un mínimo asentimiento, nada, mudo y quieto como una estátua. Tomando notas, eso sí. Y lo más peculiar de todo: dar por terminada la sesión cuando él consideraba oportuno. Es decir, escuchaba hasta cierto punto y, cuando le daba la gana, cortaba la sesión, la daba por finalizada (una sesión podía durar perfectamente dos o tres horas, pero también diez minutos, por qué no). Pues bien, de alguna manera, según mi amigo, esta terapia le ayudó bastante. Fue «productiva», se calmaron sus molestias, se esculpieron sus traumas, llegó a comprenderse mejor. Aquel psicoanalista lacaniano nunca le dijo nada que no fuera un saludo o una despedida, pero, según mi amigo, ésa fue la clave: ya desde el inicio no supo cómo despojarse de él. Estuvo dos años yendo a su consulta y hablando y hablando sin parar solo por una especie de obligación absurda, por no quedar mal, porque creía que tenía que hacerlo. Y porque no sabía cómo afrontar ese paso. Quería dejarlo, pero no podía hacerlo. Y ese era el reto, esa era la lección «productiva»: estaba en una trampa, una trampa como un espejo con el enigma de su patología, un conjuro que precisaba de cierto hechizo para deshacerse...
Por fin, una tarde se sentó en el diván, con indisimulada rabia, y le dijo, Tengo la sensación de que todos me toman el pelo... ¿qué opina usted? Y el psicoanalista lacaniano solo contestó, Aquí lo dejamos por hoy, y extendió la mano para cobrar sus cien euros. Fue la sesión determinante, la más corta, apenas un minuto, y la última.
miércoles, 10 de abril de 2019
martes, 11 de diciembre de 2018
MI HISTORIA CON JORGE HACHE, EL EDITOR
LA GRAN ETAPA DEL TENIENTE UGRUMOV

Ugrumov era teniente de la extinta URSS y mantenía su hueco silencioso en el pelotón internacional con casi cuarenta años de edad. Pasados habían quedado ya sus mejores logros poniendo en apuros al mismísimo Indurain, así como sus gestas en el Giro, subiendo el Mortirolo, además de cierta crono que venciera en Milán. El teniente Piotr Ugrumov jamás había ganado una gran vuelta pero había protagonizado algunas páginas célebres del ciclismo reciente. Era un hombre respetado, por sus victorias y sus habilidades pero, sobre todo, por su fuerza austera y su carácter grave y honesto, marcial. Nacido en Letonia, había sido condecorado en su juventud como teniente de la URSS, siendo un profesional camuflado de amateur, producto del riguroso sistema socialista de promoción del deporte. Había sido miembro del ejército soviético, en definitiva, y le habían ascendido. Entrenado en la más alta exigencia, disciplina y sacrificio de una superpotencia desaparecida, ahora era una especie de dinosaurio, el producto de una época irreversiblemente sentenciada. En el momento de aquella escapada, aquella tarde calurosa de mi recuerdo, Ugrumov era tratado con el respeto que se trata a los tiempos obsoletos. Según los comentaristas, hacía unas cuantas temporadas que tenía que haberse retirado.
domingo, 13 de agosto de 2017
EL ENIGMA DE ÁFRICA
miércoles, 15 de junio de 2016
Jordi Claramonte
MENSAJES EN EL TIEMPO
jueves, 14 de enero de 2016
domingo, 6 de diciembre de 2015
ESQUIZOFRÉNICAS O LA BALADA DEL POETA LEGENDARIO
Cuentan de Leopoldo María Panero, el poeta
maldito, el genio esquizofrénico que pasó gran parte de su vida ingresado en
sanatorios mentales, que allá por los setenta se alistó al Partido Comunista,
convirtiéndose en cabecilla intelectual de la organización en Madrid (escribiendo
panfletos, repartiendo octavillas, preso varias veces en aplicación de la ley
de vagos y maleantes), hasta que una tarde, en una manifestación, perseguido a
la carrera junto a sus compañeros por una caterva de feroces miembros de la Policía Armada, condujo a propósito a los suyos (y a sí mismo) hasta un
callejón sin salida: nadie entendió nada por un instante, ni rojos, ni grises… la
carcajada del loco retumbó como un trueno ensordecedor.miércoles, 18 de noviembre de 2015
LA PUERTA VERDE
lunes, 9 de noviembre de 2015
Oliverio Girondo
viernes, 10 de julio de 2015
CRUCIFIJO CON HOZ Y MARTILLO
viernes, 24 de abril de 2015
Jean Dubuffet
lunes, 23 de febrero de 2015
Biografías postsocráticas (corazones quiméricos II)
viernes, 5 de diciembre de 2014
EL ESPÍRITU DE MANUEL VILAS (evocación y un poema)
vendió su coche, anuló su plan de pensiones,
se lo llevó todo en efectivo, un buen fajo de billetes calientes.
y todos los empleados y los directores querían disuadirle
pero Vilas tenía unas ganas infinitas de pasarlo bien.
a ver emigrantes, incluso se fue a las cárceles.
tenía esa gran ilusión.
Quería ser Cristo, Lenin, San Pablo,
quería ir más allá del orden, de la naturaleza y de la vida.
En Conde de Aranda, dío mil euros a tres árabes,
que le besaron los pies, y las manos y se arrodillaron.
dio trescientos euros a una negra africana,
y ella quería comerle el sexo al buen Vilas,
pero Vilas dijo hoy soy San Vilas,
consérvate para tu marido, él te necesita,
y yo os bendigo; anda, nena, ve en paz.
y siguió repartiendo, a una vieja china
de un todo cien le dio seiscientos euros,
y la vieja le hizo una foto de diez millones de megapixels
y la amplió y la enmarcó y la colgó
en mitad de su tienda con dos velas debajo.
A un vendedor de La Farola, ese periódico
de los pobres, le dio ochocientos euros.
Y el vendedor se echó a llorar y ardía
como una vela en mitad de las catedrales antiguas.
domingo, 30 de noviembre de 2014
manual de Antropología Cultural, Kottak
OPORTO
Barajamos unos cuantos títulos (¿Parábola zoológica?, ¿Miedo?, ¿El último eslabón de la cadena?) pero ninguno resultó satisfactorio. Es un puente de palabras, dije yo, Un puente sin principio ni final, un círculo, dijo ella, Un puente indestructible, rematé con Benedetti. Y seguimos transitándolo, cogidos de la mano...
viernes, 28 de noviembre de 2014
jueves, 24 de julio de 2014
Biografías presocráticas, corazones quiméricos (extracto de Wikipedia)
CRÁTILO (Κρατύλος Kratylos)
fue un filósofo griego (Atenas) de finales del siglo V a. C.
Representante del relativismo, Crátilo
tomó la idea de Heráclito de
que uno no se puede bañar dos veces en el mismo río, porque entre las dos el cuerpo
y el agua del río se han alterado, y la llevó aún más lejos: según Aristóteles,
Crátilo proclamó que no se podía hacer ni una sola vez. Si el mundo está
en constante cambio, entonces el río cambia instantáneamente. De la misma
forma, las palabras cambian incesantemente. En consecuencia, Crátilo decidió
que la comunicación era imposible y renunció a hablar, limitando su
comunicación al movimiento de su dedo.Dedicó sus últimos años de vida a enseñar a Sócrates con esos gestos mudos y falleció en el
















